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En la recomposición social necesaria que urge y que está por venir, la tarea  más delicada y necesaria que le tocará al sector empresarial, será servir de centros de formación en diversas áreas, sin apartarse de sus objetivos fundacionales.  Los empresarios tendrán que contribuir a la educación de una sociedad, que por decir lo menos, se encuentra con la moral secuestrada.

Es sabido, que el sector industrial, hoy, es una manada de conflictos, que hacen la viabilidad de un entorno productivo, tan cuesta arriba, como hacer cumbre en jean y camiseta en el pico más alto del Everest.

Cada vez más se evidencia, la necesidad de subir el nivel formativo y educativo de quienes hacen vida dentro de las empresas; la ausencia de la elemental educación, es el principio de un espiral decadente de conductas impropias, dentro de los lugares de trabajo. Retomar lo básico se hace una asignatura pendiente para la sociedad, que la empresa se está viendo obligada a cubrir.

El tejido social sólo podrá ser recompuesto, en la medida en que los ciudadanos sean atendidos en los lugares de encuentro, esos,  donde permanezcan mayor  tiempo y donde consigan satisfacer sus distintas necesidades, y ese lugar no será otro que los sitios de trabajo.  Esto le da un rol protagónico a los centros de producción, y  será allí, sin temor a equivocarme, el lugar de reencuentro de los valores de unión y progreso.

La educación, que desde hace muchos años se ha dicho que es responsabilidad de muchos, y no sólo  de la familia y la escuela, y muy bien lo explica Peter Senge en su obra “Escuelas que aprenden”; hoy, también creemos que ese concepto es válido y urgente, y entendiendo el contexto donde nos encontramos, se abre un surco para dar paso  a que la re-educación del adulto, sea en los sitios de trabajo. La empresa educadora vuelve a tomar relevancia, hoy con criterios distintos a la revolución industrial, porque ahora se trata primero del ser, y luego de la producción.

Sean emprendimientos, empresas familiares o corporaciones, calificadas como pequeñas, medianas o grandes, la necesidad será la misma, re-educar a la persona, para poder re-configurar las organizaciones, que demandaran grandes transformaciones.

Una tarea de los líderes

Son los líderes los llamados a convencerse de esta necesidad, y descubrir la manera más eficaz, que quienes conforman su organización aprendan, aprendan y,  aprendan a gran velocidad y  de  manera constante; ellos, son los llamados a despertar el placer y los favores de aprender.

Las empresas requerirán de líderes capaces de ser formadores de su gente, de establecer programas de formación de largo alcance, comenzando  por la moral del ser, siguiendo con los principios de manera transversal, yendo  a los valores de manera práctica, desarrollando nuevas competencias, sembrando la innovación, entre otros aspectos.

Las mesas gerenciales están siendo llamadas a tratar los temas de formación de los colaboradores (incluso de sus familias), con mayor responsabilidad, entusiasmo y tiempo; mientras más rápido comiencen a definir las nuevas estrategias y trazarse las nuevas metas en cuando  a este tema, más pronto verán resultados de las transformaciones en su entorno.

Que a la empresa se le califique de educadora, porque lo hace desde los objetivos estratégicos, en las acciones de responsabilidad social corporativa, por la felicidad que la gente es capaz de generar(se), por la innovación con la que transforman el mercado;  porque la gente vive los beneficios de pertenecer a una organización aprende, comportándose de manera inteligente.

 

Amancio Ojeda Saavedra

@amanciojeda

amancio@alianzasdeaprendizaje.com

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