El locus de control y el trabajo en equipo

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El locus de control se define  como: “…un término que hace referencia a la percepción que tiene una persona acerca de dónde se localiza el agente causal de los acontecimientos de su vida cotidiana. Es el grado
en que un sujeto percibe que el origen de eventos, conductas y de su propio
comportamiento es interno o externo a él.”
Julian B. Rotter 
En pocas palabras, este concepto 
muestra donde estamos colando 
“las culpas” de los que nos pasa; y esto 
sin duda tiene un efecto importante en el trabajo  en equipo. 
Cuando trabajamos en equipo, debemos comenzar por reconocernos, y por
saber cuáles son mis habilidades sociales y técnicas que aportan valor a un
equipo. Sobre todo es necesario saber a qué tipo de equipos mis competencias
aportan valor, por ejemplo: mis habilidades como comediante aportan muy poco
valor (quizás ninguno) cuanto estoy desempeñándome como piloto de un equipo en
una final de baloncesto. 
Cuando  se observa a los miembros
de los equipos culparse entre ellos por los resultados no deseados, esta
conducta habla muy claro  que los
miembros del equipo tienen una tendencia a colocar el locus de control en lo
externo. 
Tener un locus de control equilibrado requiere madurez personal, y para trabajar
en equipo y obtener un buen desempeño se requiere de un locus de control equilibrado.
Cuando ocurre algo, ya sea de manera individual o sea en equipo, es básico reconocer
 que se tiene una importante cuota de
responsabilidad; no se crece como persona o como equipo si  se no se es capaz de explorar los hechos
comenzando con una mirada interior. La invitación siempre será la misma,
primero  tener que revisar que es lo que hay
hacia adentro que generó esos resultados.
Las cosas que permiten que un equipo crezca  y logre resultados superiores, son:

1.- La madurez de sus miembros, madurez que se refleja en la capacidad
de observar cuales son las responsabilidades personales como primera mirada. 
2.- La observación de las cosas provechosas, productivas y que deben
mantenerse que son producidas por los compañeros. 
3.- A través de su líder,
hacer un ejercicio de locus de control interno, sobre el comportamiento  colectivo (acciones  y re-acciones) del equipo. 
4.- Las oportunidades de mejora, observando  el 
desempeño personal en conexión con el desempeño en conjunto. 
5.- Hacer los verdaderos correctivos. De nada vale saber en qué se
falla, si no se es capaz de rectificar. Es esta última la que permite que los
equipos mejoren de manera sostenida.

 

Finalmente, la mejora
de un equipo siempre se sentirá en la medida en que cada uno de los miembros,
de forma individual, asuman (con un locus de control interno) su responsabilidad
por los resultados, sin necesidad de auto-flagelarse o usar el drama para
conseguir una compensación emocional secundaria. 



Amancio E. Ojeda Saavedra 
@amanciojeda 

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