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Es una ofensa a la inteligencia de los seguidores, la estrategia de que el líder diga algo públicamente, y minutos más tarde, salga una persona a aclarar lo que este intentó decir.

En la política nacional e internacional ocurre con frecuencia, así como ocurre en el mundo organizacional. Los líderes se abstraen en sus pensamientos y  se les olvida “bajar a tierra”, al momento de comunicarse con quienes le siguen.

Es una tragicomedia que quienes ejerzan posiciones donde se requiere un alto liderazgo, tengan grandes deficiencias en la comunicación, y sobre todo, sean tan dañinas para la consecución de los objetivos. Más allá del apoyo que podría tener, con las distintas estrategias comunicacionales, si un líder necesita un traductor de sus ideas e intenciones, la única garantía que puede darse es: Cultivar un conflicto tras otro. El líder se crea en la capacidad para comunicar.

Es una necesidad que los líderes aprendan a comunicarse eficazmente;  de manera sencilla pero no simple;  siendo tan elocuentes como coherentes; y que el verbo y la expresión corporal, ayuden a quienes le ven y  escuchan a ponerse en acción.

Comunicarse como un “LIDER” significa ser…   

Lingüísticamente correcto: que el vocabulario del líder sea el que quienes le escuchan, sean capaces de entender; sin  necesidad de mostrarse chabacano, grotesco, vulgar, burlesco, etc.  O convertirse en un rosario de palabras rebuscadas, técnicas, inaccesibles a la comprensión de la audiencia.   Del líder se espera que hable con un lenguaje claro y  de respeto a todos (incluso al referirse de sus adversarios).

Inspirador: Los líderes son una inspiración en sus obras y en sus palabras, se comunica con lo que se dice y con lo que se hace. Al momento de hablar, el dirigente debe buscar sugestionar de manera positiva, orientado a sus seguidores a despertar emociones, que se conviertan en acciones constructivas; para que el discurso provoque un estimulo que motive al escucha, debe responder a la búsqueda de un propósito superior, donde la persona que atiende, sienta que en ese propósito todos ganan.

Directo: es necesario evitar los recovecos o escondites verbales para disfrazar el  discurso, o para hacerlo parecer más (en otros casos menos) de lo que realmente es; usar un lenguaje llenos de curvas y “bambalinas” para hacer creer que se dijo lo que no  se dijo, es un acto de manipulación que nadie  merece.  El mensaje debe ser diáfano para que no deje dudas o malas interpretaciones. Vaya al grano.

Estructurado: tener orden en la comunicación es un mensaje contundente, eso dice visiblemente la seguridad que tiene el líder en cuanto a sus intenciones y  deseos  al comunicar, es además, una manera de respetar a la audiencia. La memoria suele fallar, y la tentación de hablar de tantos temas que tiene un líder en la cabeza, es para algunos irresistible. Una fórmula que siempre funciona, es tener una lista cronológica de los puntos a conversar,  y  ceñirse a ella.

Receptivo: comunicar no  significa sólo hablar, también significa escuchar, interpretar las gestualidades, la energía que emite la audiencia, incluso  cuando los escuchas no  dicen nada o  asientan automáticamente a todo lo que el líder dice o propone, allí también hay mensaje del que se debe ser receptivo; como líder no  se puede caer en la fantasía de creer, que todos quienes le escuchan validan o entienden el 100% del mensaje. Como comunicador sea receptivo de los mensajes velados de la audiencia.

Los líderes que se comunican apropiadamente, son el mejor impulso para hacer que las cosas ocurran.

 

Amancio Ojeda Saavedra

@amanciojeda

amancio@alianzasdeaprendizaje.com

 

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