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El vendedor profesional

Siempre
me han causado curiosidad esas personas que viven de las ventas y no las
conciben como sus profesiones. Si partimos del hecho de que las profesiones son
las actividades especializadas que ejercemos para ganarnos el pan, cómo es
posible que existan quienes ven a las ventas como un empleo o un trabajo y
hasta un cargo que están ejerciendo dentro de una organización, y no como la
profesión que escogieron como su actividad productiva.
La
de vendedor es una profesión. Una profesión que exige mucha entrega,
desarrollar numerosas aptitudes y una permanente formación. Como los médicos,
los vendedores siempre estamos adquiriendo nuevos conocimientos y desarrollando
nuevas destrezas.
Yo,
por ejemplo, estudié Ingeniería de Sistemas. Es la carrera en la que me formé
académicamente. Pero mi profesión es la de vendedor. Es mi actividad
especializada. Una actividad con un campo de aplicación infinito, vale
destacar. Porque, si nos ponemos a ver, llevado el asunto a nuestras relaciones
interpersonales cotidianas, todos vendemos algo a alguien en algún momento. Sea
a nuestros clientes externos, es decir, la gente a la que le facturamos o con
las que establecemos relaciones comerciales de cualquier tipo; o a nuestros
clientes internos, esto es el personal de nuestra empresa pero, también, desde
otra óptica, nuestra familia y nuestro entorno inmediato.
Porque,
si nosotros vamos a tomar una decisión importante para nuestro futuro, una
propuesta que meditamos y que llegamos a la conclusión de que es la decisión
correcta aunque entrañe cierto riesgo, ¿no tenemos acaso que saber vender esa
idea a nuestra familia, a nuestra pareja? ¿A esos cuyo apoyo necesitamos? 
Vender,
como podemos ver, es un recurso fundamental en nuestro intercambio social
cotidiano y en nuestras relaciones humanas. No saber vender una idea, una
decisión, podría terminar en ausencia de apoyo, e incluso en franca resistencia,
por parte de las personas cuya estabilidad se podría ver afectada por esa posible
decisión. Un cambio de empleo, una propuesta de negocios, una nueva inversión o
asentarse en otra ciudad o país, son decisiones que pasan por saber
comunicarlas y saber venderlas en el entorno inmediato. 
Como
vemos, aún sin darnos cuenta siempre estamos vendiendo. Es decir, como ya lo
dije antes, todos somos vendedores, aún sin saberlo. Sólo que algunos, como yo,
tenemos una absoluta conciencia, no ya de nuestra profesión y de todo el uso
que tiene en nuestra vida cotidiana, sino además de la necesidad de adquirir herramientas
para potenciar esas habilidades. Es decir, que nos formamos de manera
consciente y sistemática para ejercer nuestra profesión y aplicarla en todos
los órdenes de nuestras vidas.

Y,
por supuesto, una vez que entendemos que vender supone desarrollar un conjunto
de herramientas que usamos de manera cotidiana, nos resulta más fácil entender
que nuestra formación debe ser continua, que nunca dejaremos de aprender, que
siempre podremos adquirir nuevos recursos y nuevas habilidades para potenciar y
darle más eficacia a nuestros resultados. 

De
eso se trata, entonces, el asunto: de tener la disposición de perfeccionar ese
oficio de manera permanente y de estar claro que el vendedor se hace con mucha
constancia y mucha paciencia. Y que cuando sentimos esa pasión por vender,
aprendemos a conocer las necesidades de nuestros clientes y adquirimos un
profundo conocimiento de los productos y servicios que ofrecemos, podemos y
debemos decir con orgullo: Yo soy vendedor. Esa es mi profesión. 
Carlos Rosales 
Autor del libro: Personas compran personas

@neurosales

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