Aprendamos de los lustradores de zapatos.

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Hablándole a un equipo  de 
líderes de una organización, construí una metáfora en la que creo y que
sería egoísta no compartir; así que he decidido escribirla por este medio.
Un lustrador de zapatos en
su digna profesión, aprende con el tiempo que dejar un zapato brillante,
no  depende sólo de la fuerza con que se
fricciona el trapo contra el zapato, hay otras variables que inciden, incluso,  él sabe que no  se trata de fuerza sino de mezcla. 
Los factores más importantes
para lustrar un zapato  son: La crema,  el trapo, el agua,  y  el
movimiento horizontal, vertical o circular  que hace el lustrador. La mezcla de estos
factores garantiza el éxito  del  trabajo, casi sin importar en qué condiciones
esté el zapato.
La
analogía con la vida
Es fundamental  ver nuestra vida como los elementos que los lustradores
de zapatos saben combinar, y debemos aprendernos  sus secretos.  
Luego  de  observar
con detalle la gente que juzgo que tiene éxito  y además es triunfadora, afirmo que ellos han
sabido  combinar las variables que los
llevan en un crecimiento humano y social notable.
Para esta metáfora, he
decido usar “La crema” como el cuerpo, este templo sagrado y único, que se
expresa en cada cosa que hacemos, que nuestras posturas hablan elocuentemente
de lo que nos pasa, es nuestra primera tarjeta de  presentación, es lo que nos da forma, color y
presencia. Un zapato marrón pintado  con
crema negra, no  se vería congruente,
perdería su esencia, la crema delataría que hubo algo que no funcionó en el
trabajo  de  Lustrador. Así mismo ocurre con nuestro
cuerpo y lo que comunicamos con él, mostrarnos alegres con los hombros
encogidos,  y cabizbajos,  no parece congruente, nuestro cuerpo  denotará que algo no funciona.
Debemos ser cuidadosos de velar
por nuestro cuerpo como el verdadero lugar donde habitamos, que debe ser
expresión sincera de la vida que vivimos.
“El trapo” del lustrador,
representa para esta metáfora nuestro lenguaje verbal; la crema se encuentra
inmóvil, pero con el trapo la movemos y le damos sentido a su presencia sobre
el zapato. Así ocurre con nuestro  cuerpo
y el lenguaje, a medida que nuestro 
lenguaje se va pronunciando, va creando movimiento a nuestra presencia
física, pone en movimiento nuestro cuerpo. Si somos conscientes de lo que
decimos, y nos empoderamos con un lenguaje más rico, positivo, creador,
lograremos transformaciones necesarias en nuestro mundo físico.
“El movimiento” ya sea
vertical, horizontal  o circular, cumple
con una función para el trabajo del lustrador, hace que los elementos se
coloquen en su justo lugar, es el movimiento 
el que determina el territorio correcto donde el trapo lleva a la crema.
Siendo “el movimiento” el  representante
de las emociones en nuestras vidas, ser inteligente emocionalmente nos coloca
en lugar preciso y productivo  de  las relaciones, las emociones van
determinando nuestros resultados, nuestras emociones sanas hará que brillemos
mucho más.
“El agua”, que para el
ilustrador cumple con la función de servir de catalizador entre la crema, el
trapo y el movimiento,  así mismo ocurre
para este concepto, el agua, pura, transparente y con un valor indiscutible en
nuestra existencia, se convierte en el Espíritu, este es elemento  que sin duda hace la diferencia, que podría
vivirse sin la creencia de este (como el lustrador podría pulir sin agua), pero
que al final, tarde  o temprano  reconocemos como  un factor necesario para hacer la vida más
sencilla, para que la experiencia de vivir tenga un recurso  poderoso para los resultados.     
Y estos cuatro elementos
no  están solos, para que puedan existir
necesitamos un zapato, que representa el mundo 
donde vivimos,  con su altos
y  su bajos, con sus zonas cómodas e  incomodas, con sus partes duras y blandas, es
decir, las circunstancias donde nos toca brillar. 
Hoy  cuando llego a un aeropuerto y se me acerca
un lustrador de zapatos, le doy  gracias
por servirme de ejemplo y  de  maestro 
de vida, su  trabajo hace más
brillante nuestro mundo.  
Amancio E. Ojeda Saavedra 
@amanciojeda 
   

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