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Aliviarse del Rencor

Transcurrían  los años iniciales de la década de los
noventa, cuando  en medio de mi inmadurez
y poca asertividad, se generó un conflicto medio  ingenuo (bajo la mirada que hoy le doy) con
alguien con quien disfrutaba de una relación cercana, sincera y colmada de
afecto. Este incidente provocó que nos alejáramos y  dejáramos de hablarnos. Dado  la cantidad de relacionados en común, era
frecuente que alguien me preguntará por esa persona y por lo ocurrido, yo con
el ánimo  de  lucir maduro y  sosegado, siempre hablaba bien de esa
persona, aunque al final deja ver 2 o 3 cosas que desmeritaban todo lo bien que
antes había dicho.
Yo buscaba de forma
disimulada desacreditar sus méritos y logros, por todas las vías me enteraba de
lo que hacía y como lo hacía, de sus avances, de su desarrollo como persona y
profesional; internamente eso  me daba
envidia aunque lo ocultara. Empecé a generar un espiral del crecimiento del
rencor, basado en estar pendiente del otro, sin hacerme cargo  de  mí.
Mientras él seguía adelante, yo  estaba
atado a seguirlo y buscar la manera de que no brillara.El rencor fue creciendo
en mí, a tal punto que mi vida estaba determinada por las acciones del otro.
Cuando
decidí soltarlo
La vida continua, y en algún
momento que no puedo determinar decidí bajarme de esa situación, no  seguir caminando en ese espiral decadente y
comenzar hacer mi vida.
El haber logrado esa
liberación, me permitió expandirme, crecer, iniciar relaciones personales y
profesionales que cultivo  hasta la
fecha, aprendizajes insospechados, tocar y ser tocado por   almas de genuina bondad. El haberme separado
de mi cultivo de rencor me llevó a ser lo que hoy soy.
El rencor, es una muestra la
inseguridad en uno mismo; es la escusa perfecta para sabotearte tu propio  desarrollo; es la proyección de tus miedos en
otros; es el pánico a  descubrir lo que
te falta por crecer como ser humano; es la mirada nostálgica a un plan hecho
por ti y para ti, sin pensar en el otro; 
es una crónica pendejada que te consume.  
Por eso siempre he tenido
y  lo 
seguiré teniendo presente esa frase del juramento  de la JCI que pronuncié con convicción un día
de Julio de 1995, que dice: “… No
guardaré odios ni rencores en mi corazón, sabré perdonar el daño que hiciesen…”.

      
Amancio E. Ojeda Saavedra 
@amanciojeda 

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